Siempre he dicho que mi piel ha sido uno de mis mayores maestros. Desde pequeña viví con una sensibilidad extrema: rojeces inesperadas, brotes de psoriasis, acné hormonal y aquella sensación constante de que cualquier cosa que tocara mi rostro podía desencadenar una reacción.
Mientras otras personas elegían maquillaje por moda, yo elegía en función del miedo:
¿Me irritará? ¿Me brotaré? ¿Me verán diferente?
Mi relación con el maquillaje siempre fue complicada. Cada vez que me maquillaba, lo hacía con la esperanza de sentirme parte del mundo.
Cada vez que me desmaquillaba, lo hacía con culpa, porque sabía que mi piel sufriría durante días: la irritación, la inflamación y, a veces, los días enteros sin poder utilizar nada en la cara.
Así que decidí hacer lo que cualquier mujer desesperada pero decidida haría: crear una solución yo misma.
Mientras mis amigas experimentaban con bases, colores y texturas, yo me dedicaba a leer ingredientes y a descartar fórmulas que contenían fragancias artificiales, siliconas o componentes que mi piel no toleraba.
Y en esa lucha silenciosa, nació algo que entonces no sabía poner en palabras:
un deseo profundo de no sentirme excluida por mi propia piel.
Recuerdo una mañana frente al espejo. Tenía un brote de psoriasis que ocupaba toda mi mejilla derecha.
No podía ocultarlo.
No podía maquillarlo sin dolor.
Y en ese momento, con lágrimas que no sabía si eran de rabia o cansancio, pensé:
“¿Por qué nadie crea algo para personas como yo?”
Y esa pregunta fue mi chispa.
No quería sobrevivir maquillándome “a medias”.
Quería disfrutar del maquillaje como todos.
Quería sentirme bonita, segura y libre.
Así empezó PURESKIN: como un acto de rebeldía, pero también de amor propio.
Quería crear algo que no existía:
🔹 Una base de maquillaje 100% natural,
🔹 Apta para pieles sensibles, fotosensibles y con psoriasis,
🔹 Que respirara con la piel,
🔹 Que protegiera de la luz azul,
🔹 y que además no transfiriera.
En cada prueba, ponía mi rostro primero.
Si yo no podía usarlo, PURESKIN no saldría al mundo.
No quería crear un producto.
Quería crear un refugio.
Una base que me permitiera maquillarme sin miedo.
Una base que me permitiera SER YO.
Con el tiempo entendí que PURESKIN no era solo mi historia.
Era la historia de todas las personas que se sienten inseguras en su propia piel.
De quienes se maquillan no para transformarse, sino para sentirse parte.
De quienes miran tutoriales con ilusión y luego descubren que su piel “no tolera nada”.
Nuestra misión nació sola:
crear maquillaje seguro, amable y honesto, que acompañe en lugar de ocultar.
No quería una marca más.
Quería una marca que defendiera un mensaje claro:
la belleza real no necesita filtros, solo respeto.
Creo firmemente que el futuro de la cosmética es transparente, natural y consciente.
En PURESKIN soñamos con liderar ese cambio.
Soñamos con un mundo donde nadie tenga que elegir entre “verse bien” y “estar bien”.
Quiero que la cosmética deje de ser una máscara para convertirse en un gesto de cuidado.
Quiero que ninguna niña, adolescente o adulta vuelva a preguntarse si “su piel es un problema”.
Donde la salud de la piel no se negocie.
Si estás leyendo esto y también sientes que tu piel te limita, quiero decirte algo desde el corazón: no estás sola.
Yo también lo viví.
Y por eso existe PURESKIN.
No para esconder tu piel, sino para acompañarla.
No para transformarte, sino para recordarte que ya eres suficiente.
Tu piel no te define. Tu historia sí. Y PURESKIN está aquí para acompañarte en ambas.
Gracias por formar parte de este camino.
Gracias por permitirme convertir el dolor en propósito.
Gracias por confiar en un maquillaje que no intenta cambiarte, sino acompañarte.
Gracias por creer en una belleza más amable.
Y gracias por permitirme compartir mi historia, la historia detrás de PURESKIN.
Con cariño,
Megan